Menú
- Portal Masónico
- Al Aprendiz
- Al Compañero
- Al Maestro
- Biblioteca
- Breve historia del Rito Francés
- Breve Historia de la Masonería en México
- Calendarios Masónicos
- Constitución Anderson
- Constitución York
- El Ara
- El Aprendiz y sus Misterios
- El Gran Oriente de Francia
- El Templo Exterior
- El Templo Interior
- Enlaces Masónicos
- Grados REAA Perú
- Grados del Rito de York
- La leyenda de Hiram Abiff
Mas Temas
- La Logia Lautaro
- La Respuesta de Pitágoras
- Las Tenidas Masónicas
- Léxico masónico
- Logias de la G.·. L.·. del Perú
- Los Dos Juanes
- Los Papas Masones
- Régimen Escocés Rectificado
- René Guénon
- Rito Ingles estilo Emulación
- Rito Escocés Antiguo y Aceptado
- Ritos Masónicos
- Sup.·. Con.·. del Perú
- Sitemap del Portal Masónico
- Biblioteca
Mis Portales
- Los Portales del Guajiro
- Portal de Música Peruana
- Portal en Memoria de mi Hijo
- Portal Martinista
- Portal Masónico
- Portal Peruano
- Portal Promoción Tnte FAP Fernando León Vallejos
Libro de Visitas
Validadores
René Guénon

El francés de René Guénon es a la vez preciso y límpido, e
inevitablemente pierde con la traducción; su tema es de un interés
absorbente, al menos para quien se interesa por lo que Platón
llama las cosas realmente serias. Sin embargo, a menudo se ha
considerado indigerible; en parte por la razones que ya se han
dado, pero también por algunas razones que, paradójicamente, ha
expuesto un reseñador de la obra de Blakney, Meister Eckhart
en el Harvard Divinity School Bulletin, que dice que "Para una época
que cree en la personalidad y en el personalismo, la impersonalidad del
misticismo es enormemente frustradora; y para una época que quiere
potenciar su conocimiento de la historia, la indiferencia de los
místicos hacia los acontecimientos temporales es desconcertante".
En cuanto a la historia, las siguientes palabras de Guénon, a saber, "el
que no puede escapar del punto de vista de la sucesión temporal, y ver
todas las cosas en simultaneidad, es incapaz de la menor concepción del
orden metafísico", complementan adecuadamente las palabras de Jacob
Boehme de que la "historia que pasó una vez" es "meramente la forma
(exterior) del cristianismo". Para el hindú, los acontecimientos del
ôgveda son ahora y sin fecha, y la Krishna L´lŒ "no es un acontecimiento
histórico"; de hecho, la confianza del cristianismo en "hechos"
supuestamente históricos, parece ser su mayor vulnerabilidad. El valor
de la historia literaria para la doxografía es muy escaso, y por esta
razón muchos hindúes ortodoxos han considerado que la erudición
occidental es un "crimen": el interés de estos hindúes no está en
absoluto en "lo que han creído los hombres", sino en la verdad. El
lenguaje inflexible de Guénon, presenta además una dificultad extra; "la
civilización occidental es una anomalía, por no decir una
monstruosidad". Precisamente sobre esta expresión, un comentarista ha
observado que "observaciones tan devastadoras como ésta no pueden
compartirlas ni siquiera los críticos de los avances occidentales". Sin
embargo, ahora que su desenlace está ante nuestros ojos, yo habría
pensado que la verdad de esta afirmación podría haber sido reconocida
por cualquier europeo libre de prejuicio; sea como fuere, en 1915, sir
George Birwood describió a la civilización occidental moderna como
"secular, sin alegría, vana, y autodestructiva", y el profesor La Piana
ha dicho que "lo que nosotros llamamos nuestra civilización no es otra
cosa que una máquina mortífera sin conciencia ni ideales"; y al
calificativo de mortífera podría haberle agregado el de suicida. Sería
muy fácil citar innumerables críticas del mismo tipo; por ejemplo, sir
S. Radhakrishnan sostiene que "la civilización no merece salvarse si
continúa en su rumbo presente", y esto sería muy difícil de negar; el
profesor A. N. Whitehead ha hablado con tremenda contundencia -"Queda la
apariencia de la civilización, pero sin ninguna de sus realidades". En
cualquier caso, si hemos de leer realmente a René Guénon, debemos haber
rebasado el punto de vista, temporalmente provinciano, que durante tanto
tiempo y tan complacientemente ha considerado un progreso continuo de la
humanidad, progreso que habría culminado en el siglo XX; y debemos estar
dispuestos a preguntarnos, al menos a nosotros mismos, si no habrá
habido más bien un declive continuo, "desde la edad de piedra hasta
ahora", como me señaló una vez uno de los hombres más instruidos de
América. Ciertamente, no será la "ciencia" la que nos salve: "la
posesión de las ciencias como un todo, si no incluye la mejor, en algún
caso ayudará al poseedor, pero mucho más a menudo le perjudicará".
"Estamos obligados a admitir que nuestra cultura europea es una cultura
de la mente y de los sentidos sólo"; "La prostitución de la ciencia
puede llevar al mundo a la catástrofe"; "Nuestra dignidad y nuestro
interés requiere que nosotros seamos los directores y no las víctimas de
los adelantos técnicos y científicos"; "Pocos negarán que el siglo XX
nos ha traído un amargo desengaño"; "Nosotros nos enfrentamos ahora a la
perspectiva de una quiebra completa en todos los campos de la vida".
Eric Gill habla de la "inhumanidad monstruosa" del industrialismo, y del
modo de vida moderno, como "ni humano ni normal ni cristiano… Es nuestra
manera de pensar misma lo que es extravagante e innatural". Este sentido
de frustración es quizás el signo más alentador de los tiempos. Hemos
hecho hincapié en estas cosas, porque René Guénon se dirige sólo a
aquellos que sienten esta frustración, y no a aquellos que todavía creen
en el progreso; a todos aquellos que están satisfechos, lo que René
Guénon tiene que decir les parecerá completamente descabellado. Tomado
de ¿Soy yo el Guardián de mi Hermano?, de A.K. Coomaraswamy